Niños más sedentarios: las claves para fomentar hábitos saludables desde casa
El aumento del tiempo frente a pantallas y la falta de actividad física preocupan a especialistas. Expertos destacan el rol clave de las familias y la escuela para revertir esta tendencia y promover una vida más activa en niños y adolescentes.
El sedentarismo en niños y adolescentes se ha convertido en una preocupación creciente. En los últimos años, el tiempo dedicado a pantallas aumentó considerablemente, mientras que la actividad física diaria disminuyó, generando un impacto directo en la salud física y emocional de los más jóvenes.
De acuerdo con estudios recientes, más del 60% de los menores no alcanza el mínimo recomendado de una hora diaria de ejercicio, una cifra que refleja un cambio en los hábitos de vida. A esto se suman problemas como peor calidad de sueño, alimentación menos equilibrada y un aumento en los niveles de estrés, ansiedad y desmotivación.
Frente a este escenario, especialistas coinciden en que el cambio debe comenzar en casa. El ejemplo de los adultos es uno de los factores más influyentes: los niños tienden a imitar conductas, por lo que ver a sus padres activos aumenta las probabilidades de que ellos también lo sean.
Otra de las claves es integrar el movimiento en la rutina diaria. No se trata necesariamente de practicar un deporte formal, sino de incorporar actividades simples como caminar, andar en bicicleta o jugar al aire libre. De este modo, el ejercicio deja de ser una obligación y pasa a formar parte natural del día a día.
El uso de pantallas también juega un papel determinante. Limitar el tiempo frente a dispositivos electrónicos permite liberar espacio para actividades físicas y recreativas, además de mejorar el descanso y el bienestar general.
Los especialistas también recomiendan respetar los intereses de cada niño o adolescente. Permitirles explorar distintas disciplinas y elegir la que más disfruten favorece una relación positiva con el deporte. Cuando la actividad se percibe como una imposición o una exigencia, es más probable que sea abandonada con el tiempo.
En este proceso, el refuerzo positivo resulta clave. Valorar el esfuerzo y los pequeños avances, en lugar de centrarse solo en el rendimiento, contribuye a fortalecer la autoestima y consolidar hábitos duraderos.
Además, los expertos subrayan que la promoción de hábitos saludables no depende únicamente de la familia. La escuela y la comunidad también cumplen un rol fundamental, generando espacios y oportunidades para la actividad física y la educación en salud.
En un contexto donde el sedentarismo avanza, fomentar una vida activa desde la infancia no solo mejora la salud física, sino que también impacta en el bienestar emocional, el rendimiento escolar y la calidad de vida a largo plazo. Porque más allá del deporte, se trata de construir hábitos que acompañen a las personas durante toda su vida.