Chema Alonso alerta sobre el futuro de internet: los agentes de inteligencia artificial ya están cambiando las reglas del juego

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El especialista en ciberseguridad advierte que la expansión de la inteligencia artificial está transformando la manera de navegar, buscar información y consumir noticias. El nuevo escenario plantea desafíos para los medios digitales, los creadores de contenido y la seguridad informática.

Internet atraviesa una transformación que podría modificar profundamente la forma en que las personas acceden a la información. Mientras millones de usuarios siguen navegando por páginas web, utilizando buscadores y leyendo noticias, los sistemas de inteligencia artificial avanzan hacia una nueva etapa: la de los agentes capaces de realizar tareas de manera autónoma.

Esta evolución fue uno de los temas centrales abordados por el experto español en ciberseguridad Chema Alonso durante su participación en Ekoparty, un encuentro tecnológico realizado en Buenos Aires. En una entrevista con Clarín, el especialista planteó que la red está comenzando a funcionar en dos dimensiones: una destinada a las personas y otra en la que los agentes de inteligencia artificial interactúan con servicios, aplicaciones y contenidos digitales.

El cambio no es solamente técnico. También puede modificar el funcionamiento de la economía digital, el modelo de negocios de los medios de comunicación y la relación entre quienes producen información y las plataformas que la utilizan.

De buscar información a delegar tareas en la inteligencia artificial

Durante años, navegar por internet implicó escribir una consulta en un buscador, abrir diferentes páginas, comparar resultados y seleccionar la información más útil. Ese comportamiento está cambiando con la aparición de herramientas de inteligencia artificial capaces de responder preguntas directamente y, cada vez más, ejecutar tareas sin que el usuario deba realizar cada paso.

Los agentes de IA representan una evolución respecto de los chatbots tradicionales. Además de conversar, pueden organizar acciones, utilizar herramientas digitales y completar procesos a partir de una instrucción inicial. Según sus capacidades y los permisos disponibles, pueden intervenir en actividades que antes requerían una sucesión de operaciones manuales.

Esto significa que una persona puede comenzar a delegar en un sistema tareas que van desde recopilar información hasta organizar determinados procesos digitales. Para los usuarios, la promesa es ahorrar tiempo y simplificar actividades cotidianas. Para internet, en cambio, implica un cambio en quién visita las páginas y cómo circula la información.

En este contexto, el tráfico generado por programas automatizados adquiere cada vez mayor importancia. No todos esos accesos tienen el mismo propósito: algunos corresponden a servicios legítimos, mientras que otros pueden responder a actividades no deseadas. Por eso, distinguir entre usuarios humanos, agentes autorizados y tráfico malicioso se vuelve un desafío central.

Por qué los medios de comunicación están entre los más afectados

Uno de los aspectos más relevantes de esta transformación es su impacto sobre el periodismo digital.

Tradicionalmente, los buscadores ayudaban a que los lectores encontraran artículos publicados en diarios, revistas y sitios de noticias. Cuando una persona ingresaba desde un resultado de búsqueda, el medio tenía la posibilidad de obtener visitas, mostrar publicidad, conseguir suscriptores o generar oportunidades comerciales.

La inteligencia artificial introduce una dinámica diferente. Muchos sistemas pueden consultar información disponible en la web y ofrecer una respuesta resumida sin que el usuario necesariamente ingrese al sitio donde se publicó el contenido original.

Para el lector, esto puede resultar práctico: obtiene una explicación en pocos segundos y evita recorrer numerosos enlaces. Sin embargo, para quienes producen información, el resultado puede ser una disminución de las visitas y, potencialmente, de los ingresos que permiten sostener el trabajo periodístico.

El problema adquiere especial importancia porque las noticias requieren investigación, actualización permanente, verificación de datos y trabajo profesional. Si las respuestas automatizadas utilizan esos contenidos, pero no generan un flujo equivalente de lectores hacia sus fuentes, aparece una pregunta fundamental: ¿cómo se financiará la producción de información de calidad?

El contenido original podría convertirse en un recurso cada vez más valioso

Aunque la inteligencia artificial puede elaborar respuestas y organizar grandes cantidades de datos, necesita información para funcionar y ofrecer resultados útiles. En particular, los contenidos actualizados y producidos por periodistas, investigadores y especialistas son relevantes para comprender acontecimientos recientes.

Alonso sostiene que es necesario encontrar mecanismos que permitan reconocer el valor de esos materiales cuando son utilizados por sistemas de IA. Una de las posibilidades que se analiza en el sector tecnológico consiste en desarrollar modelos de compensación económica para los creadores de contenido.

La idea es que los sitios puedan establecer condiciones para el acceso automatizado a sus publicaciones y, cuando corresponda, recibir una remuneración por su utilización comercial.

También resulta importante que los productores de información puedan conocer cuándo y de qué manera se emplean sus contenidos. Contar con datos sobre ese uso permitiría evaluar el alcance de las publicaciones y negociar condiciones más transparentes con las empresas tecnológicas.

Todavía no existe una solución única para todo el ecosistema digital. El desafío consiste en construir un sistema que permita la innovación sin dejar de lado la sostenibilidad de los medios, el reconocimiento de la autoría y el acceso a información confiable.

Agentes autónomos: nuevas posibilidades y desafíos de seguridad

El crecimiento de estos sistemas también abre interrogantes en materia de ciberseguridad.

A diferencia de un chatbot que se limita a responder una consulta, un agente puede ejecutar una serie de acciones utilizando herramientas y recursos digitales. Cuando varios agentes trabajan en conjunto, además, pueden distribuir tareas y comunicarse entre sí para alcanzar un objetivo.

Esta capacidad amplía las posibilidades de automatización, pero también exige controles más rigurosos. Un sistema que dispone de permisos demasiado amplios, instrucciones poco precisas o límites insuficientes puede realizar acciones no previstas por sus responsables.

Durante su intervención, Alonso se refirió a los casos que despertaron preocupación dentro de la comunidad tecnológica por el comportamiento de agentes de inteligencia artificial y por la necesidad de delimitar correctamente sus recursos y capacidades.

El punto central no es suponer que estas herramientas actúan como seres humanos o que poseen intenciones propias. El riesgo está en que un sistema automatizado pueda ejecutar acciones con consecuencias reales sin que los mecanismos de supervisión resulten suficientes.

Por eso, las empresas que desarrollan y utilizan estas tecnologías deben prestar atención a los permisos, la supervisión, las pruebas de seguridad y la posibilidad de detener operaciones cuando se detectan comportamientos inesperados.

¿Internet será cada vez más dependiente de la inteligencia artificial?

La evolución de la red permite reconocer distintas etapas. Primero predominó la consulta de páginas con información estática; después crecieron las aplicaciones interactivas y el acceso desde dispositivos móviles. Ahora, los sistemas de inteligencia artificial comienzan a ocupar un lugar más importante en la búsqueda de información y en la ejecución de tareas.

En este nuevo escenario, las páginas web no necesariamente desaparecerán, pero podrían cambiar su función. Algunas seguirán siendo destinos directos para los lectores, mientras que otras también ofrecerán información destinada a sistemas automatizados que la procesan para responder consultas o completar acciones.

Este proceso plantea nuevos interrogantes para las empresas tecnológicas, los gobiernos y los responsables de sitios web. Será necesario definir cómo se administra el acceso de los agentes, qué información pueden utilizar, cómo se protege la privacidad y qué responsabilidades corresponden cuando una acción automatizada provoca un problema.

La transformación también podría impulsar nuevos servicios y oportunidades comerciales, aunque sus beneficios dependerán de las reglas y los controles que acompañen su desarrollo.

Entre el entusiasmo tecnológico y la necesidad de establecer límites

Alonso se mostró optimista respecto de las posibilidades de la inteligencia artificial, pero destacó la importancia de trabajar sobre sus riesgos. La historia de la tecnología demuestra que cada avance requiere un período de adaptación, nuevas normas y mecanismos para evitar consecuencias negativas.

La discusión no se limita a imaginar escenarios extremos, sino que se concentra en problemas concretos: el uso de información sin acuerdos claros, la pérdida de ingresos de los creadores, los accesos automatizados y la seguridad de los sistemas que pueden actuar por su cuenta.

La inteligencia artificial ya está modificando hábitos de consumo y formas de trabajar. El desafío consiste en aprovechar sus ventajas sin perder de vista la transparencia, la seguridad y el valor de la actividad humana que sostiene buena parte de los contenidos disponibles en internet.

La llamada internet doble representa, en definitiva, una transformación que va más allá de la tecnología. También pone en debate quién controla la información, quién obtiene beneficios de su utilización y cómo se garantizará que el ecosistema digital continúe siendo sostenible para quienes lo construyen todos los días.

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Andy Benavides Comunicación | CoverNews por AF themes.