Cuando nos enamoramos, el cerebro cambia las reglas: qué ocurre en nuestra mente y por qué pensamos tanto en esa persona
Mariposas en el estómago, ganas de hablar todo el tiempo con alguien, una sonrisa que aparece sin motivo y la sensación de que esa persona ocupa buena parte de nuestros pensamientos. El enamoramiento no es solamente una emoción intensa: también provoca cambios en la manera en que el cerebro procesa la atención, la motivación y hasta la percepción del otro.
Hay momentos en los que una persona comienza a ocupar un lugar inesperadamente grande en nuestra cabeza. Una canción recuerda su nombre, una conversación hace que aparezca en los pensamientos y una simple notificación del teléfono puede cambiar el estado de ánimo.
Aunque solemos describir estas sensaciones con expresiones como «mariposas en el estómago» o «estar en las nubes», detrás de ellas existe una compleja combinación de procesos cerebrales.
El enamoramiento modifica temporalmente la manera en que prestamos atención, buscamos recompensas y evaluamos a la persona que nos atrae.
El cerebro entra en modo recompensa
Uno de los protagonistas de esta etapa es el sistema de recompensa cerebral.
Cuando aparece una fuerte atracción, aumentan procesos relacionados con sustancias como la dopamina y la noradrenalina, vinculadas con la motivación, la atención y la sensación de recompensa. También participan otros sistemas químicos y hormonales relacionados con el vínculo y el apego.
Esto ayuda a explicar por qué conocer o recibir un mensaje de alguien que nos interesa puede generar una sensación especialmente agradable.
El cerebro comienza a asociar determinadas experiencias con esa persona y, como consecuencia, aumenta el deseo de repetirlas.
Por eso, durante las primeras etapas, es posible que una conversación que duró apenas unos minutos permanezca dando vueltas en la cabeza durante horas.
¿Por qué no podemos dejar de pensar en esa persona?
Una de las características más llamativas del enamoramiento es el pensamiento recurrente.
La atención comienza a dirigirse con mayor facilidad hacia aquello que está relacionado con la persona que nos interesa. Una canción, un lugar, una frase o incluso un detalle aparentemente insignificante pueden convertirse en un disparador de recuerdos.
La serotonina también ha sido estudiada en relación con este fenómeno. Algunas investigaciones encontraron similitudes entre determinados patrones observados durante el enamoramiento y procesos vinculados con pensamientos repetitivos.
Esto no significa que estar enamorado sea una enfermedad o que el cerebro funcione de manera «incorrecta». Simplemente muestra que una nueva relación puede adquirir una importancia extraordinaria dentro de nuestro sistema de atención y motivación.
El enamoramiento también puede hacernos idealizar
Hay otro fenómeno interesante: durante las primeras etapas de una relación, podemos prestar mucha más atención a las cualidades positivas de la otra persona y minimizar aquello que no nos gusta.
La explicación está relacionada, en parte, con la manera en que el cerebro procesa la información emocional.
Cuando existe una fuerte atracción, algunas regiones implicadas en la evaluación crítica y social pueden presentar una actividad diferente. Esto puede contribuir a que interpretemos determinadas características de la persona de una manera especialmente favorable.
En otras palabras, el enamoramiento puede funcionar como un filtro.
No significa que todo lo que vemos sea falso, sino que nuestra percepción puede estar fuertemente influida por el entusiasmo y las emociones del momento.
Y el cuerpo también participa
El cambio no ocurre únicamente en los pensamientos.
Durante el enamoramiento pueden aparecer señales físicas relacionadas con la activación del organismo: mayor energía, cambios en el ritmo cardíaco, nerviosismo, dificultad para concentrarse o una sensación de estar permanentemente alerta.
También es frecuente prestar una atención especial al teléfono, esperando un mensaje o una llamada de esa persona.
Cada pequeña señal de contacto puede convertirse en una recompensa anticipada y mantener la atención enfocada en el vínculo.
Por eso, a veces quienes nos rodean se dan cuenta de que algo cambió incluso antes de que nosotros lo admitamos.
¿Por qué parece que todo tiene otro significado?
Cuando alguien empieza a ocupar un lugar importante, el cerebro comienza a relacionar nuevas experiencias con esa persona.
Un determinado lugar puede convertirse en «nuestro lugar». Una canción puede adquirir un significado especial. Una fecha puede quedar asociada a un recuerdo.
Este proceso demuestra algo fundamental sobre nuestra mente: las emociones modifican la manera en que almacenamos y recuperamos recuerdos.
Por eso, el enamoramiento no solamente afecta lo que sentimos en el presente. También puede cambiar la manera en que recordamos determinados momentos.
La intensidad no significa que el vínculo vaya a durar
Uno de los puntos más importantes es que el enamoramiento y el amor estable no necesariamente son lo mismo.
La etapa inicial puede estar marcada por una enorme intensidad emocional, pensamientos frecuentes y una fuerte sensación de conexión. Con el paso del tiempo, esa intensidad puede transformarse.
La confianza, el conocimiento mutuo, el respeto y la construcción de un vínculo seguro requieren procesos diferentes y más prolongados.
Por eso, que la emoción inicial disminuya no significa necesariamente que una relación esté perdiendo valor. En muchos casos, puede representar el paso de una etapa de intensa novedad hacia una relación más estable y realista.
El cerebro enamorado no deja de ser racional, pero cambia sus prioridades
Enamorarse no significa perder completamente la capacidad de razonar. Sin embargo, durante esa etapa las emociones pueden adquirir un peso mucho mayor en determinadas decisiones y percepciones.
La persona que nos gusta puede convertirse temporalmente en una de nuestras principales fuentes de motivación y recompensa.
Y allí aparece la explicación de muchas de esas conductas que parecen inexplicables cuando las observamos desde afuera: revisar el teléfono con frecuencia, recordar conversaciones durante horas o encontrar significado especial en pequeños gestos.
Al final, el enamoramiento no solamente cambia lo que sentimos por otra persona.
También cambia, durante un tiempo, la manera en que nuestro propio cerebro organiza el mundo alrededor de ella.